

Birán es todo un pedazo de tierra próspera y hacia el cual los ojos del mundo fijan sus miradas para identificar el lugar donde naciera hace 90 años Fidel Castro Ruz.
Por la tarde llovió a cántaros, a muchos le pareció que la tormenta nunca pasaría, que era la más grande que descargara sobre Birán, pero luego vino la calma, refrescó y los caminos se encharcaron más. Se hizo de noche rápido.
En la casa grande doña Lina sabía que venía su tercer vástago, sentía los dolores de parto. Subió al altillo donde siempre paría. Dominga, la madre, cerró las ventanas para que no se “pasmara”; Isidra, la “recogedora”, ordenó las palanganas, sábanas, toallas, paños, la cajita con todo lo de cortar el cordón umblical y volvió a lavarse las manos. Dos quinqués iluminaban la habitación.
¿Cuándo nació Fidel Alejandro Castro Ruz?
“…nací en 1926, en el mes de agosto, el 13 de agosto; si quieres saber la hora, creo que fue como a las 2 de la madrugada. Parece que la noche pudo haber influido después en mi espíritu guerrillero”.
El 13 de agosto es día de san Hipólito ¿Por qué Fidel?
“…eso no fue pensado, analizado, o porque le gustaba a mi familia. Había un amigo de mi padre muy rico, millonario, muy cercano a la familia. Y aquel señor iba a ser mi padrino, y se llamaba Fidel (1) … Estas fueron las circunstancias sociales que dieron lugar a ese nombre. A mí me gusta realmente”.

¿Pudiera compartir con nosotros sus recuerdos de Birán?
Birán no “era un pueblo, ni siquiera una pequeña aldea; apenas unas casas aisladas. La casa de familia estaba a la orilla del Camino Real.
“Era una casa de madera. Los horcones eran de madera muy dura, caguairán y otras similares, y encima de aquellos pilotes estaba el piso.
“Yo recuerdo mucho el corredor de la casa porque la circundaba completamente. Yo veía cuando recogían el ganado por la tarde, me llamaba la atención porque algunos animales eran un poco ariscos; los había agresivos, sobre todo algunas vacas recién paridas. Teníamos una vaca color oscuro que le llamaban Ballena; daba mucha leche, pero era muy agresiva. Nosotros tratábamos de hacerle señas para ver cómo amenazaba. Yo creo que la vaca tenía algo de miura.
“Recuerdo todas estas escenas, cómo era el ambiente en el campo, los animales, las personas que atendían los trabajos.
“Por entonces no había electricidad en mi casa. Nos alumbrábamos con velas y con algunos faroles de gas. No había refrigeración, sino una pequeña nevera de madera. El hielo se traía del central Marcané.
“Cuando yo tendría como cuatro años, me pusieron una pequeña cama a los pies de la de mi padre, un poquitín más ancha y grande. A continuación, estaban las de los otros dos hermanos, y luego la de mi madre.

“Mi padre dormía en una cama y mi madre en otra. A un lado de la habitación estaba la cama de mi padre que tenía una mesita y la lámpara de gas allí. Él leía, se acostaba todas las noches a leer.
En Birán, las únicas edificaciones que no eran propiedad de su padre, don Ángel, eran el correo y la escuelita. ¿Cómo recuerda su escuelita?

“La escuela pública también era de madera, sobre pilotes, pero bajitos, porque el terreno era inclinado. Me sentaba en la primera fila. Tenía que estar oyendo todas las clases, era una escuela multigrado, de 20 ó 25 alumnos. Desde muy temprano aprendí los números, las letras, a leer, casi sin darme cuenta, porque veía lo que estaba haciendo todo el mundo. Por supuesto, también me enseñaban algunos versos de Martí que uno recitaba de memoria, algunas poesías muy sencillas.
¿En que empleaba su tiempo libre, cuando no tenía clases?
“…Me gustaba montar a caballo… Yo montaba con montura y a pelo también, tempranito. Me gustaban los ríos (…) salir a mataperrear, andar con tirapiedras. Mi primera arma fue un tirapiedras.
“Yo estaba salvaje, libre, cuando no me tenían en la escuela, o cuando me tenían fuera de Birán… Estaba en permanente contacto con la naturaleza. Si había disfrute, diversión, creo que era aquella. Todavía me gusta, en realidad, o por lo menos lo recuerdo con mucho agrado.
“Hacíamos travesuras un poco peores: nos íbamos, no sabían de nosotros; rompíamos cosas, andábamos en lo que no teníamos que andar, nos metíamos en lo que no teníamos que meternos. Inventábamos cosas, nos poníamos a fabricar hasta juguetes. A veces fabricábamos flechas parecidas a unas que vendían en los Ten-Cents, con unas plumitas, que se lanzaban y caían de punta; nosotros tuvimos y ya después las fabricábamos y hacíamos daño probando las flechas con las gallinas, los guanajos y los patos. Algunos de tales hechos, con toda razón, los consideraban en mi casa de una enorme gravedad.
“Emborrachábamos a los patos, les dábamos maíz con alcohol; nos divertíamos viendo los patos ebrios. Hacíamos ya algunas travesuras un poquito más serias.

“En aquel período, de cuatro o cinco años, cuando estaba en la escuela obligado, porque teníamos que ir por la mañana y por la tarde, ya habíamos adquirido un gran repertorio de malas palabras con los carreteros, los ganaderos. Tenía un vocabulario completo y, por supuesto, estaba prohibido pronunciar tales palabras…”
Conociendo que usted mismo ha dicho que viene de una familia religiosa, que su madre era una mujer muy religiosa, le repito una pregunta que le hizo el periodista italiano Gianni Miná, ¿cuál es el santo que le protege a usted?
“Debe ser San Fidel de Sigmaringa, porque recuerdo que cuando era muchacho mis padres me decían que el día 24 de abril era mi santo, y en el almanaque aparece San Fidel de Sigmaringa.
“…ese santo que es mi patrón me ha protegido contra todos estos planes de la CIA (planes para eliminarlo físicamente) y me ha protegido hasta ahora.”
Transcurridos 90 años, Birán es y no es igual. En Birán, como antes, continúan las intensas lluvias y fuertes tormentas eléctricas en el verano, los caminos inundándose; se respira aire puro y la gente es amable. En Birán las casas ya no están habitadas por familias, en la escuelita, la tienda, la valla de gallos y el correo no se trajina. El batey es hoy un sitio histórico declarado Monumento Nacional.
“El azar me concedió el honor de nacer aquí precisamente, en el territorio actual de esta provincia (Holguín), y si ese lugar (Birán) está a 54 kilómetros de distancia de esta Plaza (Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García Iñiguez) en línea recta, el recuerdo está muy cercano, sólo a diez milímetros o a diez segundos en mi mente.”
Autor: Fidel Pino Santos
Nota: Esta es una entrevista imaginaria que la autora conformó utilizando la siguiente bibliografía: Frey Betto. Fidel y la religión. Conversación con Frey Betto. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985; Katiuska Blanco Castiñeira, Casa Editora Abril, La Habana, 2011. Primera Parte, Tomo I. Gianni Miná. Un encuentro con Fidel. Entrevista por Gianni Miná. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1987. Ignacio Ramonet. Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ranonet, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006. Segunda edición. Revisada y enriquecida con nuevos datos. Fidel Castro. Discurso pronunciado el Primero de junio de 2002 en la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García Iñiguez, de Holguín.



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