
Un centenar de décimas dedicadas al Comandante en Jefe ha escrito Alberto Barreras San Juan, presidente del consejo popular Cueto Este. El ejemplo del líder de la Revolución ha sido su inspiración en la poesía y su labor como representante del pueblo
Alberto Barreras San Juan no cree en las musas o la inspiración. Simplemente cree en Fidel a quien le ha dedicado más de medio centenar de décimas.
Cuenta que escribía de modo empírico hasta que en tres días le enseñaron lo que se aprende en un año de las métricas y las rimas. El reto para él fue la décima, aunque también cultiva el soneto y la prosa. Quería “domar” a esta estructura poética tan complicada como puede ser la mujer cubana.
Al principio necesitó de cuatro personas para aprender a rimar el primer verso con el cuarto y el quinto, el segundo con el tercero, el sexto con… Finalmente consumó su compromiso con la décima cuando le anunciaron un concurso:
“El tema era libre y mi padre me sugirió que escribiera sobre la VI Cumbre de Cartagena”, recuerda Alberto. “Lo más importante para mí de ese suceso fue que Fidel por primera vez, después de 36 años, vistió guayabera. Titulé la poesía Guayabera”.
Es julio resplandeciente
Con amor de primavera
Va luciendo guayabera
En su catorce naciente
Embravecida la frente
Y con su mente tan clara
Y su corazón llamara
Cautelosa su destino
Por el honrosos camino
A la luz del grito de Yara
Cuando le preguntas sobre su vínculo con el Comandante en Jefe, no deja tiempo para el punto y aparte. A reglón seguido afirma:
“Me tocaste una fibra sensible, porque hablar de Fidel es hablar de mi papá, mi familia, de las cosas que más uno quiere en la vida.
“Mi papá era un analfabeto y vivía en el campo en Ramón 3, pero era un líder sindical. En esa familia había un amor por el Comandante terrible. `Hay que escuchar al Comandante´, decía mi padre. Me crié con ese amor por él.
“Más adelante vi como él, a medida que iba engrandeciéndose, iba despejándose de esa grandeza suya y se le daba a Martí. Él nunca dijo que era grande. Eso fue lo que más me hizo quererlo. Para mí es un ídolo. Te digo de corazón que si yo pudiera meterme dentro de la piedra para que él saliera, lo haría con gusto.
“Hubo una décima que impactó mucho a todo el que la escuchaba y que la gente popularizó con el título "Empujando el sol". Cuando la escribí, tuve como una premonición de lo que sucedería el día en que el Comandante, quien ya estaba muy enfermo, no estuviera. Esa décima la hice llorando. Cada vez que la digo en cualquier escenario se me salen las lágrimas.
Que no llegue ese día
Luctuoso de tu deceso
Tu pueblo llora por eso
No lo entiende todavía
Al ver tu silla vacía
Tendrán que sonar alarma
Los penachos de las palmas
Deslucirán tu altivez
Quédate, no te vayas pues
Llorando estarán las almas.
“Aunque ya no esté con nosotros físicamente, siempre tengo nuevas ideas para escribir sobre él. Ahora tengo en proyecto una décima que se llamará "Nadie podrá acabar con el fuego de tus ideas".
Lo que pocos imaginan es que Alberto es capitán pensionado del Ministerio del Interior. Parece imposible que confluyan en una misma persona el policía y el poeta, dos oficios aparentemente equidistantes. Sin embargo, mucho le sirvió su experiencia comunitaria como agente del orden público para desarrollar otra labor tan importante como la de escribirle décimas de Fidel:
“En 2012 para mí fue una sorpresa que me eligieran como delegado. No pasaron tres meses y ya ocupaba, aunque provisionalmente en ese momento, la presidencia del Consejo Popular Cueto Este. Actualmente fui ratificado para mi tercer mandato por voto unánime y fui el delegado que más votos obtuvo en el municipio”.
Dicho escenario no es fortuito. Cuenta Bertico, como cariñosamente lo llaman la gente del barrio, que “sin la base del ejemplo personal”, no hay nada. Usted tiene que sentir el problema del elector como suyo y más que suyo, si quiere que lo quieran”.
“Cuando pasó el ciclón Sandy, sin nombrarme oficialmente como delegado, iba vivienda por vivienda, solidarizándome con cada uno de mis vecinos y atendiendo problemas. Donde había que hacer una zanja, me ponía a hacer una zanja; donde había que arreglar un palo, lo hacía…
“Recuerdo que creamos un grupito y levantamos la vivienda de Luis Martínez que fue un derrumbe total. No me quedaba solo. Resolvíamos los problemas de conjunto.
“Yo me siento muy comprometido con mis 7 mil 538 electores. Como protocolo se atiende a los electores los jueves, pero los recibo siempre, independientemente de la hora a la que llegue a la casa. Aunque esté comiendo, dejo a un lado el plato y converso con ellos sobre sus problemas. Lo que tengo es la lengua para defenderlos, porque no tengo nada en la mano.
“Si no les puedo resolver el problema al menos se van satisfechos porque mi intención fue ayudarles y hacer todo lo posible, porque las cosas le salgan bien. Esta es mi mejor manera de continuar la obra de Fidel”.



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