La educación en la vida y obra del pueblo cubano
Se inicia este primero de septiembre el curso escolar correspondiente al periodo comprendido entre la etapa final del presente año y el primer semestre del 2026.
La educación, que como afirmara José Martí es preparar a los seres humanos para la vida, tiene en Cuba desde hace más de 65 años una especial connotación.
Se tiene en cuenta lo detallado al respecto por grandes figuras históricas de Cuba, como son los casos de José Martí y de Fidel Castro respectivamente, así como de connotados pedagogos, maestros y directivos del sector para garantizar la impartición de la enseñanza en forma gratuita y sistemática a centenares de miles de personas, desde niños hasta adultos mayores.
José Martí, por ejemplo, señaló que el pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos en la instrucción del pensamiento y en la dirección de sus sentimientos.
Él le concedió gran importancia a la necesidad que tienen los hombres y mujeres de cultivar su inteligencia y de superarse en forma constante.
Precisamente sobre esto llegó a afirmar en 1875 que no fructifica la educación si no es continua y constante, y casi 14 años más tarde volvió a patentizar que la educación empieza con la vida y no acaba sino con la muerte.
Ya desde 1878 Martí había expuesto que la instrucción abriendo a los hombres vastos caminos desconocidos, les inspira el deseo de entrar por ellos.
Cinco años después en otra de sus reflexiones sobre la relevancia de la educación y lo que esta representa para los seres humanos, precisó en un trabajo titulado Escuela de electricidad, publicado en La América, en Nueva York, en noviembre de 1883: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo: es prepararlo para la vida.”
Martí consideró a la educación como un árbol y al respecto precisó que se siembra una semilla y se abre en muchas ramas.
También tuvo en cuenta que un pueblo instruido será siempre fuerte y libre y abogó por el desarrollo de la educación para todos los seres humanos, sin distingo de razas o sexos ya que manifestó: “Si la educación de los hombres es la forma futura de los pueblos, la educación de la mujer garantiza y anuncia los hombres que de ella han de surgir.”
Igualmente patentizó el compromiso que tenían todos los seres humanos de contribuir al desarrollo de la educación de sus semejantes al exponer: “Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás.”
Igualmente, Martí destacó la trascendencia que le atribuyese a la labor de los profesores.
Precisamente acerca de lo que experimentó cuando tuvo la posibilidad de ejercer por primera vez esa profesión a su llegada a Guatemala en 1877, hizo referencia en un folleto titulado con el nombre de dicho país.
Expresó: “Yo llegué, meses hace, a un pueblo hermoso; llegué pobre, desconocido, fiero y triste. Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza, el pueblo aquel, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde. “Lo hizo maestro, que es hacerlo creador.”
Martí calificó a los maestros como la letra viva e incluso, en un trabajo titulado Mario Fortuny, publicado en el periódico norteamericano The Sun, en la edición correspondiente al 27 de marzo de 1881, llegó a enfatizar: “… para ser maestro de otros es necesario saber servir.”



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